La voz de la ciencia
13abr/120

La aldea cósmica del homo typographicus

TuringLos escitios cabalgaron durante la Antigüedad por las llanuras de la Estepa póntica desde el Danubio hasta las costas del Mar Negro. En aquellos tiempos los griegos creían que hombre y caballo eran una criatura de la naturaleza construyendo en el imaginario colectivo de la época la idea del hombre centauro que siglos más tarde sembraría el terror generando idéntico estado de angustia en la mente del hombre, en otra parte del planeta, cuando la caballería española derrotó en 1532 a las tropas peruanas que hasta entonces jamás habían visto un caballo.

El hombre descubrió cómo montar a caballo alrededor del año 2000 a de C  fecha en la que el estudio sistemático del cielo por los habitantes de la antigua Babiliona quedaba registrado en tabillas de arcilla, Enuma, porque los babilonios creían posible la prevención de ciertos desastres a través de la interpretación correcta de los astros. Estos datos acumulados durante algunos siglos permitieron conocer ciclos de comportamiento del Sol, la Luna y los planetas e, incluso, hechos como la aparición del cometa Halley en el año 164 a de C.  

El origen del concepto cosmos se fundamenta en su opuesto que es el caos. Los babilonios, por esta razón, buscaban en el cielo alguna señal certera para intentar evitar situaciones de crisis o de emergencia que pudieran perturbar sus vidas. Ellos, de esta manera, crearon un orden artificial escrito a pulso en las tabillas que con el uso de diferentes tecnologías, empleadas para transmitir mensajes, ha perdurado hasta el siglo XXI.

La prensa de tipos móviles creó un nuevo mundo circundante, por completo inesperado; creó el público [1] que Marsahal McLuhan ubica en la aldea cósmica integrado con una intensa conciencia de sí mismo en la colisión de la tecnología eléctrica contra la mecánica o la imprenta. Sin embargo, el canadiense afirmaba que  el homo typographicus puede expresar, pero es incapaz de leer, las configuraciones de la tecnología de la imprenta y se preguntaba hasta qué punto la página impresa en grandes tiradas llegaron a convertirse en sustitutivo de la confesión de boca a oído.

El ciclo entre el medio-mensaje y el hombre-usuario acaba en la Galaxia Marconi o la Aldea Cósmica representada por la televisión. El artífice de la aldea global postula que la televisión es un servomecanismo que funciona como una extensión de nuestros ojos y nuestros oídos mientras que separa el efecto que cada medio ejerce en los sentidos. Nueve años antes que McLuhan publicara La Galaxia Gutemberg en la Universidad de Toronto fallecía a los 42 años, en el condado inglés de Cheshire, Alan Mathison Turing, creador del test de Truing, que permitió a los científicos relfexionar sobre el significado de inteligencia artificial y si algún día las máquinas podrían llegar a pensar. Turing creía que con el tiempo las máquinas estarían capacitadas para superar su test demostrando que podían conversar con las personas de forma que éstas no pudieran saber si estaban hablando con una máquina o un hombre.

McLuhan y Turing desde planos temporales distantes y áreas de investigación tan diferentes como la filosofía y las matemáticas intentaban explicar la relación  entre el hombre y la máquina. Richard Carvell, profesor de la Universidad  British Columbia de Toronto, subraya que los dos pensadores coincidieron en la década de los treinta en la Universidad de Cambridge donde “el determinismo tenía una dimensión propiamente filosófica y se invocaba constantemente en cuestiones relacionadas con la física y las matemáticas que sustentan los nuevos medios de comunicación”. Desconocemos si llegaron a conocerse pero es notable que ambos centraran sus esfuerzos en investigar la relación entre los hombres y la tecnología.

Turing nació un año antes que McLuhan en 1912. Era un matemático y teórico informático que fue obligado a someterse a unos experimentos con unos fármacos para invertir su homosexualidad. Le inyectaron estrógenos durante un año y, finalmente, fue hallado muerto tras morder una manzana que contenía cianuro. El científico inglés había recibido la Orden del Imperio Británico por ayudar durante la Segunda Guerra Mundial a descifrar los códigos nazis de la máquina de codificación Enigma. Sin su intervención la contienda militar fue decisiva para la victoria alida. Es considerado el padre de la informática moderna  después de demostrar en 1936 a través de su trabajo más importante On Computable Numbers, with an Application to the Entscheidungs Problem que las máquinas de Turing, dispositivos que trabajan con símbolos abstractos, podían resolver cualquier problema matemático que se representara con un algoritmo.

En 2012 se conmemora el centenario del nacimiento de Turing con importantes actos de reconocimiento en las ciudades que fueron significativas en su vida: Manchester, Cambridge y Bletchley Park. La página web dedicada a la celebración incluye información complementaria de interés: http://www.mathcomp.leeds.ac.uk/turing2012

 

Pepa Martorell

@pepamartorell

 

Bibliografía

BRONOWSKY, Jacob (1979). El ascenso del hombre. Fondo Educativo Interamericano, Bogotá

Mc LUHAN, Marshall (1972). La Galaxia Gutenberg. Ediciones Aguilar, Madrid

PICKOVER, Clifford A (2011). El libro de las matemáticas. Librero, Kerkdriel.

Nota

[1] Texto de la nota previa al prologo de La Galaxia Gutenberg Marsahal McLuhan

 

 

 

 

Publicado por Pepa Martorell

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